El encuentro en el ¨Iron Ring¨El origen de una alianza.

La mañana habia sido de una sobridad asfixiante.En el gran auditorio de la Facultad de Medicina e Doctor Jonh Watson -con su bigote canoso y el porte erguido de quien ha sobrevivido a las fiebres de Afganistan- disertaba sobre los avances de la cirugía en el campo de batalla.

Entre la audiencia un joven Nigel Elmsworth escuchaba con atención, no por el interes medico, sino por el analisis del lenguaje corporal.

Al finalizar la sesión, Nigel observó a Watson salir con un paso apresurado por la puerta trasera, esquivando a los academicos.Nigel sonrió para sus adentros; el buen doctor no buscaba un té en el club,buscaba emoción.

Horas más tarde, el aire saturado de incienso y medicina de la mañana fue sustituido por el olor a tabaco barato, sudor y sangre en un sótano de los muelles de East End.Las peleas clandestinas de boxeo eran el refugio de los que querian perder su dinero o su honor.

Nigel estaba alli por trabajo.Sus ojos no se apartaban del rincón del cuádrilatero, donde un estibador llamado O´Leary se preparaba para combatir.

O´leary segun los documentos que Nigel guardaba en su levita, llevaba tres meses cobrando un subsidio de la compañia naviera por una ¨incapacidad total de espalda¨. Sin Embargo allí estaba, saltando sobre sus pies y lanzando golpes de práctica quien harían temblar a un buey.

_Cinco soberanos al gigante de la espalda rota-susurró una voz familiar a su lado.

Nigel giró la cabeza.Allí, con el sombrero calado hasta las cejas y una libreta de apuestas en la mano, estaba el Dr.Watson .

-Es una apuesta arriesgada,doctor-dijo Nigel en voz baja sin mirarlo-.Ese hombre no debería poder ni ponerse la camisa sin ayuda, al menos según el parte medico quue presento el lunes.

Watson se tensó, mirando al joven desconocido que hablaba con tal seguridad.

-¿Nos conocemos caballero?_preguntó Watson con desconfianza.

-Le he escuchado esta mañana hablar sobre la resiliencia del cuerpo humano_respondió NIgel, señalando a O´Leary-.Pero lo que vemos ahí no es resiliencia es fraude. Ese hombre está estafando a sus patrones y, por extensión, a la honestidad de todo su gremio.Yo soy Nigel Elmsworth y me temo que esta noche voy a arruinar su apuesta y la carrera criminal de ese pugil.

Watson bajó la libreta fascinado por la frialdad analítica del joven .

-Si lo que dice es cierto, joven Elmsworth, mi dinero esta en peligro, pero mi curiosidad medica esta picada.¿Como propone demostar que su lesión es una farsa ante un tribunal?

-Con el ojo que usted usa para diagnosticar, doctor, pero aplicando a la intención del engaño.Observe su guardia…Un hombre con la columna dañada jamás rotaría la cadera de esa forma.

En ese sotano húmedo, entre gritos y apuestas, nació algo más que una amistad. Watson vio en Nigel esa chispa de observación pura que tanto admiraba en su amigo de Baker Street. Y Nigel comprendó que, incluso en el Londres de la niebla, la verdad siempre acaba subiendo al ring.



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